Solteros catolicos tumbarnos

Y yo, mi Señor, hoy me acuerdo de modo particular de esos pastores y de ese redil, porque todos los que aquí nos encontramos reunidos -y otros muchos en el mundo entero- para conversar Contigo, nos sabemos metidos en tu majada. Muy a propósito viene, pues, este recuerdo de tierras de Castilla. Dios nos quiere santos Vosotros y yo formamos parte de la familia de Cristo, porque El mismo nos escogió antes de la creación del mundo, para que seamos santos y sin mancha en su presencia por la caridad, habiéndonos predestinado como hijos adoptivos por Jesucristo, a gloria suya, por puro efecto de su buena voluntad [5]. Esta elección gratuita, que hemos recibido del Señor, nos marca un fin bien determinado: la santidad personal, como nos lo repite insistentemente San Pablo: haec est voluntas Dei: sanctificatio vestra [6]ésta es la Voluntad de Dios: vuestra santificación. No lo olvidemos, por tanto: estamos en el redil del Maestro, para conquistar esa cima. No se va de mi memoria una ocasión -ha transcurrido ya mucho tiempo- en la que fui a rezar a la Catedral de Valencia, y pasé por delante de la sepultura del Venerable Ridaura. Para bastantes de vosotros, todavía se cuentan con los dedos de una mano los años, desde que os decidisteis a tratar a Nuestro Señor, a servirle en medio del mundo, en vuestro propio ambiente y a través de la propia profesión u oficio.

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Todas las historias de conversión son diferentes, como los copos de nieve o las huellas dactilares. Pero ambos dramas -llegar a ser cristiano y llegar a ser católico- son dos pasos de un mismo proceso y en la misma dirección, como nacer y crecer. Este libro es una bravo muestra de esa verdad. Pero denial todos son capaces de cautivar al lector y arrastrarle como río torrentoso; éste sí. Yo diría que feed cuatro motivos que hacen imposible dejarlo una vez que se empieza: En primer lugar, los autores son bastante inteligentes, de pensamiento claro e apodíctico razonar.

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